Tuesday, June 23, 2009

¿Victorinos? Yo te aviso, Chirulí.

Cuando uno emigra, más que las maletas y los containers llenos de peroles y recuerdos, se trae consigo ese sentir patrio que se revuelve a la más mínima muestra de algo que nos pertenece... nuestros valores, nuestras costumbres y nuestros íconos nacionales. Y ése es el punto en el que la lucha toma otro sentido, uno que tiene cara de divulgación y de hacer justicia al gentilicio, por lo que nos convertimos en los folkloristas que jamás fuimos en nuestro hometown, en los divulgadores del aservo histórico y cultural de la nación y en los perpetuos "aclaradores" de las inconsistencias históricas y culturales que otros tienen sobre nuestro país. En dos palabras, nos convertimos en un CANAL CINCO con patas (Diios, boté la cédula, pero lo vale) mezclados con los presentadores de la Televisión Educativa de los que nos burlábamos cuando la TV en Venezuela era en Blanco y Negro y salía el logo ilustrado sobre un croma negro que se veía gris.

Es por eso que mi blog se llama como se llama, porque este acentico sifrino cantado, este no poner las S al final de las palabras y utilizar el diminutivo terminado en ICO es algo que ni en un millón de años, nada ni nadie podrá arrebatarme. Quizás escriba diferente y ponga el adjetivo antes del sustantivo para hacer una descripción del bello niño (en vez de el niño bello como es en correcto español)... pero este tono, esta personalidad, este sello de fábrica que tiene mi voz y mi manera de hablar, sólo lo tenemos y compartimos quienes nacimos y crecimos a la sombra de mi amado Cerro El Ávila. Si hasta en inglés, tengo acento venezolano, "noou weiiiii" (equivalente anglo a mi nooooooo vaaaaale que me caracteriza muchísimo).

Cuento esto porque la cadena TELEMUNDO de USA estrenó durante la noche de hoy su ¨Gran Novela" de las 10 de la noche. Los Victorinos, se llama. Y entre promoción y promoción, medio Miami hispanohablante estaba hablando de lo bello que se veía Mauricio Ochmann como Victorino no sé que cosa y que la novela transcurre entre Medellín y Bogotá, y que es el remake de la anterior Victorinos que hizo Caracol por allá en los 90 y que es del mismo autor de "Sin Senos no hay Paraíso", el autor colombiano Gustavo Bolívar.

Confieso que no daba crédito a mis oídos cuando ayer, escuché decir a una Sra. Colombiana en el automercado "Ay Mañana estrenan Los Victorinos de mi paisa parcero Gustavo Bolívar, el de Sin senos..." Más vale que no. Con mi puro y bien hablado acentico caraqueñísimo le espeté de manera MUY antipática pero cordial: "Sra, por Dios... no diga eso. Esa T-E-L-E-novela es una adaptación de la obra literaria del periodista y escritor V-E-N-E-Z-O-L-A-N-O Don Miguel Otero Silva llamada "Cuando quiero llorar no lloro", N-O-V-E-L-A escrita a finales de los 60 en Villa Giullincini, un castillo de la campiña italiana propiedad de Don Miguel y que fue editada en Caracas en el año 1970 por la Editorial Tiempo Nuevo. Y déjeme decirle que no se trata simplemente de la vida de los Victorinos y de la cancioncita que parece sacada de una película de terror. Trata sobre el drama de la historia de las grandes ciudades latinoamericanas y en cómo el entorno determina lo que los niños serán en un futuro. Ah! Y lo que usted conoce como "Los Victorinos" colombianos son unas simples adaptaciones de esta N-O-V-E-L-A que es más venezolana que la arepa, ¿oyó?".

De más está contarles la cara de ponchada de la Sra. Colombiana y su interlocutora, la Sra. que estaba escogiendo los tomates, quien no pronunció palabra pero su carcajada, que al final de mi ¿oyó? dejó escapar de su boca sellada por el Botox, se escuchó en toda el área de las verduras. Caray! Qué bien me sentí. La Sra. Colombiana sólo atinó a decirme, de manera muy educada... "Como asíiiiiii, dispense lo malo, pero es que yo no sabía..." y le respondí, "Por eso, menos mal que se topó conmigo, para que no repita (iba a decir Burradas, pero me frené justo a tiempo) las cosas inexactas que dice Telemundo". Y me preguntó sobre Don Miguel y sobre la novela y por supuesto que "habla poquito" se explayó hablando de una de sus novelas preferidas. Pero sé que hice lo correcto. Divulgué y le hice justicia a mi gentilicio. Y muy en una base 1 a 1, al menos ayer, una familia colombiana y una nicaraguense que viven en este pantano de mis amores, supieron que Los Victorinos no es del autor de "Sin Senos no hay Paraíso" y que se llama "Cuando quiero llorar no lloro"... Madre de Dios. (jejejeje... después yo me reía solita, jajajaj)...

Antes de que se me olvide. Feliz 24 de Junio. Día de la Batalla de Carabobo. Feriado en mi país. Día también de San Juan Bautista, de Tambor y de Baile, de Curiepe, Cúpira, Guatire, Guarenas, Caucagua, Río Chico, Santa Lucía, Ocumare del Tuy, Barlovento entero, Naiguatá, Chichirivichi de la Costa y Choroní. Noche de Mina, Curbata, Tacuplá y de Culo'e puya. Noche de las Fulías y niñas finas... De Anís El Cartujo y la Pecho Cuadrado a la luz de una hoguera en la Playa... San Juan Tó lo tiene, San Juan Tó lo Da... Dia de la celebración vernácula del solsticio de verano... Al mediodía del 23, repicaron las campanas de la Iglesia de Nuestra Sra de Altagracia de Curiepe... Hoy en mi tierra es noche de Tambor. Noche del Santo Niño encerrado... Y mañana, día de cortarse la puntica del cabello, de lavarse la cara con aguita de manantial reposada en aguamanil pa quitarse los pesares y de esperar que llueva pa´que la cosecha sea buena!.

Ahora sí, mi post de hoy!

Victorinos? Yo te aviso, Chirulí.


Para quienes como yo, tenemos las lágrimas a flor de piel cuando vemos la injusticia, la falta de tolerancia, la discriminación o la falta de solidaridad, aprender a controlar el llanto es un "porque sí" que hay que lograr en los momentos en los que llorar es un símbolo de flaqueza... y nuestra venezolanísima "Capacidad de Aguante" es una muestra de fuerza y autocontrol.

Quizás Don Miguel Otero Silva, escritor Venezolano (1908-1985) expresó en el título de su obra "Cuando quiero llorar no lloro" una manera de expresar esa fuerza interna que tiene mi amado gentilicio Venezolano, esa tendencia natural de morir de pie como el árbol bien sembrado, de reir aunque el mundo se esté cayendo, de anteponerse a la adversidad y NO CONOCER NI PRACTICAR el significado de la palabra PUSILÁNIME.

Y así, Don Miguel como le he llamado desde que tengo memoria, escribió una historia que marcó a la generación de mis primos grandes... a la de los chamos que nacieron hacia finales de los 40 que recién estrenaban sus 20´s por allá cuando yo estaba naciendo... chamos como su hijo Miguel Henrique Otero, Presidente Editor de la C.A. Editora El Nacional, quien tenía 20 años para entonces y a quién está dedicado el libro.

Evidentemente trata de la historia de tres niños que nacieron el mismo día y que un adivinador lanzó una profecía de que si se encontraban en el mismo lugar, la muerte haría su parte estelar. Los chamos se llamarían Victorino... y a partir de allí se entreteje una historia que se distanciaba del estilo literario de Don Miguel hasta entonces, porque utilizó un lenguaje coloquial caraqueñísimo no antes visto en libros de pasta y lomo y trastocaba los tiempos del relato logrando una pieza en la que el manejo del pasado, presente y futuro es un personaje más, lo que le imprime un tono cinematográfico para leer que ha deleitado a generaciones del mundo entero.

Esta novela ocurre entre dos fechas específicas, el 8 de Noviembre de 1948 y el 8 de Noviembre de 1966, exactamente relata 18 años. Y superficialmente narra la historia de los 3 Victorinos, de sus madres, de sus vidas y sus pesares... Pero esta obra, es una narración más periodística que literaria de las visiones de país que tenían los tres sectores imperantes en la Caracas post-rural de recién estrenada democracia que se debatía entre seguir siendo la Sucursal del Cielo de los techos rojos de antaño y convertirse en la metrópolis Capital de Latinoamérica que finalmente, llegó a ser. Entre sus líneas se identifica la diatriba que significó para toda una generación pasar de ser los habitantes de la Ciudad principal de una Capitanía General y la Ciudad Cosmopolita que creció sin ton ni son al amparo de una bonanza económica desproporcionada, la inmigración selectiva europea de los 50 y los 60 y la segregación social propias de los pueblos improvisados.

Y se ven tres rostros. Tres vidas que juntas, hacen una sola... la del país de los sueños que se convirtieron en pesadilla. La del país que en vez de producir el Realismo Mágico ha generado (parrafraseando a Don Alexis Márquez Rodríguez) el Realismo Trágico. Al único país del mundo en donde podía haber sido concebida y conceptualizada una obra como "Cuando quiero llorar no lloro" ... una pieza trasgresora que mostró de golpe y porrazo la realidad de las tres grandes características de la sociedad venezolana que aún hoy hacen estragos en la tierra de mis ancestros: La violencia, la rebeldía y la creencia en el azar como el Mesías absoluto que vendrá a sacarnos de nuestos propios problemas...

Algo, que desde mucho antes de yo nacer, marcó el rumbo que tomaría mi vida y la de mi generación entera... Don Miguel, con todos mis respetos... quizás el profeta fue Usted... y quizás la realidad superó con creces la ficción y le dio vida a ese engendro de violencia, rebeldía y realismo trágico que tiene la marginalidad de Victorino Pérez, la falta de escrúpulos de Victorino Peralta y la semilla guerrillera de Victorino Perdomo. Pero no es su culpa ni la mía... Al final, la profecía como que no era puro Blah Blah Blah...

Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia...

11 comments:

Maie said...

Interesante. De Miguel Otero Silva solo he leído Casas Muertas y el que le hizo continuación que no me marcó tanto como el primero. Ambos basados en la Venezuela pre y post petrolera.
Suena como un libro interesante a leer éste de los Victorinos. Si bien conocía el título (Cuando quiero llorar no lloro)nunca había leído la trama. Gracias. Ilustraste también a una compatriota que vive en Bélgica.

Mariale divagando said...

Leí "Cuando quiero llorar no lloro" cuando tenía como 11 ó 12 años, motivada por la curiosidad de que había sido escrito por "el papá del Dr Otero" (Miguel Henrique Otero, ex-jefe y amigo de mi madre durante muchos años). Y con esto puedes ver que a esa edad ni sabía quién era Miguel Otero Silva, a quien ahora tengo en mi lista de venezolanos ilustres.

Sobre la obra en cuestión, no podría estar más de acuerdo contigo; fue un libro que, mientras iba leyendo, me iba dejando flashes de la realidad que yo veía a mi alrededor; a diferencia de esos chamos nacidos en los 40, yo ya estaba rodeada de esa miseria, de ese caos que describes.

También recuerdo la adaptación a la TV que hicieron en Colombia en la década pasada, no la vi completa, pero sí algunos capítulos cuando estaba con mis tías. Y puedo decir al respecto que, si bien SIEMPRE creo que esas adaptaciones no hacen honor al libro, no fue mala. Sobre ésta de Telemundo no puedo opinar porque no tengo la menor intención de verla.

Por último, creo que hiciste lo correcto aclarando el punto con la señora colombiana.

Mariale divagando said...

Otra cosa: Yo también digo "noou weiiiii" :-P

Nostalgia said...

excelente post.
me has hecho llorar de purita nostalgia...
creo que tambien hicieron una pelicula, no? no estoy segura...
como que me has pegado las ganas de volver a leer el libro!!!

Rosángela said...

Jajajaja Maru, no te imaginas cómo me he reído imaginando a la Sra. Colombia, su acompañante y Doña Botox cuando tu las ilustrabas más que un Larousse...
Por cierto yo ando súper atareada porque ya prontísimo me voy, no comento pero te leo every day.
Un beso súper Maru!

Carilisve said...

Hola...
Jaja probre señora del Botox, imagino que el efecto se le pasó despúes de esa "lavada de paltó".

Bueno, leyéndote se nos cae la cédula a ambos...

Amiga, yo no soporto ver Telemundo, para mi es insufrible.

Besos

Rossy said...

Muy bien hecho, mi Maru! Aparte de ilustrar a la señora, dejando en alto nuestro gentilicio aquí, allá y en cualquier lugar.

Don Miguel Otero Silva es uno de mis autores favoritos.

Un abrazo y amapuche de Santi! :)

Luis Alberto said...

Mi querida Maru, tu eres definitivamente la mejor embajadora de Venezuela en el exterior.
Sabes deberías de mandarle tu Post a los de Telemundo para que se culturicen un poco.
Un besote
Luis Alberto

Rafucho said...

Está en mi laaaaaaaaaaarga lista de libros pendientes, que constantemente crece porque siempre se me atraviesan otros títulos que me llaman la atención. Voy a moverlo al tope de la lista...

Oswaldo Aiffil said...

Buenas noches! Caramba, esa novela de Don Miguel Otero Silva aún no la he leido, pero me asombra su conocimiento sobre la misma. Yo recuerdo que cuando tenía diez años estrenaron una película en Caracas, dirigida por Mauricio Walerstein y protagonizada, entre otros, por Miguelangel Landa. Yo no la pude ver por ser menor de edad, pero en su momento me llamó la atención. No pasé el exámen porque apenas me leí "Casas Muertas". Materia pendiente, voy directo a reparación. Un saludo!

Waiting for Godot said...

Maru igual que cambian el nombre a Cuando quiero llorar no lloro poniendole VICTORINOS,debo decir que la novela no es SIN SENOS NO HAY PARAISO, es SIN TETAS NO HAY PARAISO. Eso me suena tan raro como cuando la gente decia que la ultima novela de Gabo era MEMORIA DE MIS PROSTITUTAS TRISTES cuando la cosa era MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES. Quizas te llego mal el nombre a Miami, pero el verdadero nombre era con TETAS. De hecho en España la serie que sacaron fue con ese nombre. Un beso.